Real de Catorce: la entrada a Wirikuta

Publicado el 13 junio, 2011

Este pequeño pueblo enclavado en la sierra a 2756 metros de altura, es la puerta de entrada al semidesierto de San Luís Potosí. Conocido mundialmente por ser centro ceremonial y de peregrinaje de los Huicholes (ellos prefieren nombrarse Wirrarikas) en busca de su planta sagrada, el Hikuri (peyote).

El pueblo en si, fue fundado en 1777 con el nombre de “Real de Minas de la Limpia Concepción de Guadalupe de los Álamos de los Catorce” y desde sus inicios tuvo una importante actividad minera.

02. Calles de Real de catorce

Clima extremo

Por estar bastante alto y ser súper seco, el sol no da tregua. Al mismo tiempo, el fuerte viento te quema también por lo que se siente una especie de calor intenso y frío a la vez. En el sol te mueres de calor y en la sombra, aprieta el frío. De noche, la caída del sol deja lugar a un importante frío seco que me obligaba a meterme a la cama temprano.


Llegando…

Desde el primer momento que ingresas a Real, entras en un viaje a otro tiempo. De hecho, la entrada se hace a través del Túnel Ogarrio (construido entre 1897 y 1901) que atraviesa algo más de 2 kilómetros la montaña. Con el tamaño justo para un vehículo, el túnel cambia de sentido a cada rato para permitir el paso de un lado al otro.

Estando en Querétaro decidí hacer un viajecito al desierto solo. Tomé un autobús a Matehuala y desde allí otro a Real de Catorce. Este se detuvo a la entrada del túnel y nos pasaron a un autobús más pequeño para atravesarlo. El pequeño autobús entraba justito en el pasaje de piedra que según cuentan fue realizado a puro mazo y cincel. Ya había anochecido y el paisaje era medio tenebroso, como de un pueblo abandonado y oscuro. Atravesé rápidamente una hilera de puestitos cerrados y caminé varias cuadras en dirección al centro. Al llegar a la plaza central, encontré el hotel Real de Álamos donde me hospedé.

Al día siguiente, salí a caminar por el pueblo. Al minuto 1 de mi paseo, se acercaron varias personas a ofrecerme diversas actividades: llevarme al desierto a comer peyote, o dejarme allí y recogerme al día siguiente, ir al Cerro del Quemado a caballo, caminar al pueblo fantasma, etc. Lo más loco es que al decirles que no quería comer peyote no me creían. Es que el pueblo se ha hecho famoso mundialmente por el Hikuri y llegan muchos turistas exclusivamente a comer esta planta de poder. Personalmente, creo que el peyote es una planta sagrada a la cual tiene que tratarse con mucho respeto. Para nada estoy de acuerdo en ingerirla como “droga recreativa” y sin los debidos respetos que se merece. Además, a diferencia de lo que cree mucha gente, el pueblo Huichol no vive en esta zona. Ellos residen en los estados de Nayarit y Jalisco y peregrinan a Wirikuta una vez al año. Por esta razón, no es muy común encontrar huicholes en la zona para participar de una ceremonia con peyote. Caminé sin rumbo por la empedradas y empinadas callecitas del pueblo y me senté a desayunar en una cocina económica.


Pueblo Fantasma

Luego de platicar un rato con el encargado de turismo en la presidencia municipal, decidí caminar como una hora hasta Mina de Purísima. Es un antiguo conjunto de casas abandonadas que fueron construidas por los mineros para estar cerca de su trabajo y que es conocido actualmente como Pueblo Fantasma. Decenas de casas de piedra en ruinas, comienzan a ser devoradas por la agresiva vegetación del duro clima desértico. Un paisaje totalmente desolador y hermoso al mismo tiempo me puso en un estado de melancolía. Varias horas me quedé sentado bajo la sombra de un muro mirando las montañas y a un pastor con sus borregos.

07. Nopales en el pueblo fantasma

Regresé caminando al pueblo y me senté a comer unas deliciosas gorditas rellenas típicas del lugar. Luego caminé hasta el Jardín Hidalgo, la típica plaza central del pueblo, donde me senté en una banca a leer un rato.


Una limpia con un Maracame

Al regresar al hotel, me puse a platicar con Joa, un australiano seguidor de la cultura Huichol que frecuentaba Real. Me comentó que más tarde pensaba ir a ver a un Maracame (maestro espiritual) huichol para que le haga una limpia y me invitó a acompañarlo. Caminamos juntos unas cuadras y nos detuvimos en el camino a comprar velas para dar como ofrenda al Maracame. Llegamos a una casa con un gran jardín y nos recibió un joven de apariencia normal, que nos invitó a pasar hasta donde estaba el Maracame. Éste sólo estaba de paso por unos días en Real de Catorce. Vestido con el traje blanco con bordados de colores típico, nos llevó frente a un círculo de fogata frente a una gran cañada y nos preguntó a que veníamos. Joa le dijo que quería una limpia y yo asentí. Trajo su manojo de plumas (que utilizan los Huicholes en sus ceremonias), acomodó a Joa en un tronco y comenzó la limpia. Unos diez minutos más tarde llegó mi turno. Me sentó en el mismo tronco y comenzó a pasarme las plumas por todo el cuerpo, alternando sacudidas hacia la barranca. También pasaba su boca por ciertas partes de mi cuerpo como aspirando y escupía hacia el piso, como deshaciéndose de todo lo malo que me estaba quitando. Terminando me dijo que yo estaba bastante bien. Asentí contento y me quedé como en un estado de relajación y liviandad que me duró hasta el otro día. Ofrecimos sobre una charola una vela y $100 MXN cada quién como gratitud por el trabajo del Maracame y regresamos caminando al hotel.

20. Vista desde el camino al cerro del quemado

Cerro del Quemado

El punto clave del peregrinaje de los Huicholes es el Cerro del Quemado, donde llevan ofrendas y realizan sus ceremonias. A pesar de las innumerables ofertas de caballos y guías, decidí ir caminando por mi cuenta. Comencé a alejarme del pueblo por un sendero que bordeaba la ladera de un cerro, pasando por pequeñas casitas. Me sorprendió mucho la vista de Real de Catorce desde allí, donde puedes ver como el pueblo está enclavado entre los cerros en medio de la nada. Luego el camino se transformó en una vereda en medio de los cerros. A pesar de que salí temprano en la mañana, el sol me quemaba la piel y el viento me cortaba la cara. Anduve cerca de dos horas y media entre cerros casi desérticos. En una zona abundaban una especie de palmeras que crecen es este clima. Algunos carteles anunciaban que estábamos en el área protegida de Wirikuta y solicitaban el respeto merecido. Lamentablemente, esta protección con que cuenta esta zona desde 2000, por ser un lugar sagrado para el pueblo Wirrarika, no está siendo considerada por algunas empresas mineras que quieren explotar esta actividad. Es muy triste ver como una vez más, el poder del dinero está pudiendo más que cualquier otra cosa. Al mismo tiempo, un fuerte movimiento está luchando para que no se apruebe la entrada de la minería y se conserve este lugar sagrado. Finalmente llegué a la cima del Cerro del Quemado y me sorprendió una serie de círculos concéntricos hechos con piedras en el suelo. En el centro había restos de una fogata y algunas ofrendas. Me senté junto al círculo a descansar y admirar la espectacular vista del desierto. No me crucé con nadie en todo el camino ni había nadie en ese majestuoso y desolado lugar sagrado salvo dos perros que descansaban en la sombra. Jugué con ellos un rato y les convidé algo de agua que traía. Después de un par de horas, subí a un pequeño pico del cerro donde hay una especie de altar lleno de coloridas ofrendas del típico arte huichol, jícaras, espejos, paliacates y plumas. Dejé un espejito que había utilizado anteriormente en una ceremonia huichol de cosecha del maíz y agradecí profundamente por la vida y por estar allí presente.

27b. Ofrendas

Puedes ver algo más sobre la cosmovisión de este milenario pueblo en el Museo Zacatecano. (Ver nota Zacatecas: Una ciudad de piedra para caminar)

Regresé caminando al pueblo con la compañía fiel de los dos perros y me senté a comer un delicioso chile relleno con frijolitos y arroz. Luego caminé un poco más por la calle principal del pueblo, entrando en algunas tiendas de artesanías y dulces regionales. Sin duda, las artesanías huicholes son muy particulares por sus figuras y colorido. Visité el Templo de la Purísima Concepción de finales del siglo XVIII y el palenque de gallos, construido en 1863.


Hacia Estación Catorce

Al día siguiente, partí en un Willy, un jeep de los años 50’s, hacia el pueblo de Estación Catorce. El viaje en si es algo maravilloso. Bajas desde la montaña hasta el desierto, por un camino muy rústico, pasando por pequeñísimos poblados. Ver nota: Estación Catorce.
Real de Catorce es sin duda un lugar mágico. Tanto la ubicación del pueblo como las montañas y el desierto alrededor, combinado con la tradición de los Huicholes, lo convierten en un lugar muy particular. El pueblo cambia muchísimo los fines de semana, cuando llega mucho turismo y decenas de puestos de artesanías, dulces típicos y comida se montan sobre la calle principal. Creo que es interesante poder estar en ambos momentos, la tranquilidad de entre semana y el movimiento los sábados y domingos. Anímense a quedarse unos cuantos días viviendo como en otro tiempo, sin prisas, disfrutando de una naturaleza agresiva pero a la vez calma.


Algunos Datos

Autobús Matehuala – Real de Catorce $60 MXN (sólo hay 4 al día)

Hotel Real de Álamos
Al lado de la presidencia municipal
Habitación individual con baño $100 MXN

Gorditas 7 x $30 MXN

Willys (Jeeps) de Real de Catorce a Estación Catorce $40 MXN
Salen desde enfrente de la plaza central

Caballo al Cerro del Quemado $200 MXN

Frente en defensa de Wirikuta
www.frenteendefensadewirikuta.org

www.realdecatorce.net

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Destinos Cercanos

– Estación Catorce: un pueblo en el altiplano potosino

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